Cuando
surge una amenaza natural, los niños representan uno de los grupos más
vulnerables, especialmente los que asisten a la escuela al momento de
producirse un desastre.
En
todas las sociedades, los niños representan la esperanza del futuro.
Como
resultado, y debido a su vínculo directo con la juventud, se considera en todo
el mundo que las escuelas son instituciones de aprendizaje para infundir
valores culturales y transmitirles a las generaciones más jóvenes tanto el
conocimiento tradicional como convencional. Por consiguiente, la protección de
nuestros niños durante las amenazas naturales requiere de dos acciones
prioritarias que, aunque distintas, son inseparables: la educación para la
reducción del riesgo de desastres y la seguridad escolar.
Con
base en experiencias previas, sabemos que los niños que tienen conocimiento
sobre los riesgos de las amenazas naturales desempeñan un importante papel
cuando se trata de salvar vidas y proteger a los miembros de la comunidad en
momentos de crisis.
En
la mayoría de las sociedades, además de su papel fundamental dentro de la
educación formal, las escuelas sirven como punto de reunión de la comunidad y
para la conducción de actividades colectivas. A pesar de ello, varios miles de
millones de niños, tanto de los países en desarrollo como del mundo
desarrollado, asisten a escuelas ubicadas en edificios que no pueden resistir
las fuerzas de la naturaleza.
Principales
actividades que le corresponden a la educación en materia de reducción de
riesgo de desastres.
Ø Promover la inclusión del
conocimiento sobre la reducción del riesgo de desastres en los planes de
estudios en todos los niveles.
Ø
Promover
el uso de canales para llegar a niños y jóvenes con información sobre reducción
del riesgo de desastres.
Ø
Promover
la integración de la reducción del riesgo de desastres como un elemento
intrínseco en la Década de Educación para el Desarrollo Sustentable.
Ø Promover la integración de
programas educativos de reducción de riesgo dirigidos a sectores específicos.
“La reducción de
desastres empieza en la escuela”
La seguridad de la escuela: una
responsabilidad social
La
sociedad tiene la responsabilidad ética de garantizar que la escuela esté en
capacidad de proveerle un ambiente de aprendizaje seguro a la comunidad
escolar. A pesar de que el futuro de cualquier cultura o sociedad depende de la
calidad de vida de su población infantil, generalmente los niños y las niñas
son los integrantes más vulnerables de la comunidad, y se encuentran expuestos
a niveles inaceptables de riesgo. Esto sucede, muchas veces, incluso dentro de
las escuelas, espacios que deberían garantizarles protección y condiciones
adecuadas para el pleno ejercicio de sus derechos como infantes y como seres
humanos.
“Educar es prevenir”
Cuando
las poblaciones conocen las amenazas a que están expuestas, las formas en que
construyen nuevos riesgos y, sobre todo las capacidades y los recursos con que
cuentan para enfrentarlas aumentan sus posibilidades de prevenir los desastres,
o por lo menos de reducir el impacto de los mismos. Todos los esfuerzos
educativos que tengan como objetivo la prevención de los desastres, constituyen
acciones por el desarrollo y por la vida. Mientras mayores sean la educación y
la organización de una comunidad, mayores serán sus capacidades para prevenir,
reducir y mitigar los factores de riesgo, y para recuperarse de los efectos de
los desastres desencadenados por fenómenos naturales o por acciones humanas.
“Prevenir es transformar”
Todas
las iniciativas tendientes a la reducción de riesgos y la prevención de
desastres contribuyen a que las comunidades se conviertan en lugares seguros y
mejor preparados para responder a los efectos de cualquier amenaza. No importa
si son grandes o pequeñas, urbanas o rurales, todas las comunidades que le
dediquen esfuerzos a prevenir los desastres están contribuyendo positivamente
con su propia transformación.
“Prevención es inversión”
Prevenir
los desastres no es sólo una importante acción humanitaria, sino también una
inversión en favor del desarrollo de las comunidades, de su infraestructura, de
su economía, de su patrimonio y de su historia. También constituye un ahorro,
en la medida en que resulta más eficiente reducir los riesgos que reponer las pérdidas
que causan los desastres.
Escuelas preparadas: Escuelas
seguras ante desastres
Unas
de las alianzas claves para la reducción de riesgos, son la que se tejen con y
dentro del sector educativo. En todos los países, las maestras y los maestros
son actores importantes para el desarrollo de las comunidades. Su relación con
los niños, las niñas y las madres y padres de familia los convierte en
difusores por excelencia de los principios y herramientas de la gestión del
riesgo. Por sus manos y las de sus estudiantes, pasan las iniciativas que
permiten hacer de las escuelas, lugares seguros y mejor preparados para
enfrentar los desastres.
La prevención de desastres
también es tema de niños
Las
niñas y los niños no son sólo receptores de información sobre prevención de
desastres. Con la adecuada orientación de sus docentes y de otros integrantes
de la comunidad educativa, los más pequeños pueden convertirse en fuentes de
información importante para su familia y su comunidad. En la escuela, ellos y
ellas deben sentir que la prevención y la reducción de riesgos son una
responsabilidad compartida y, sobre todo, una posibilidad para proteger sus
vidas.
Los desastres no pueden entrar a
la escuela
Esta
afirmación, que por ahora constituye un ideal, podría convertirse en realidad
si se llevan a cabo los esfuerzos necesarios por parte de todos los actores y
sectores de la sociedad: las escuelas podrían declararse “lugares libres de
desastres”. La tarea no es sencilla, pero un trabajo permanente y sistemático
en esa dirección, podría marcar una gran diferencia. Las maestras y los
maestros, y en general la comunidad educativa, en alianza con otras
organizaciones, pueden incorporar la prevención de desastres en el currículum
de la educación, organizar brigadas escolares y generar estrategias
comunitarias para hacer de las escuelas lugares seguros y protegidos. Capaces,
además, de irradiar seguridad y protección hacia el resto de la comunidad.
PLANES ESCOLARES PARA LA GESTIÓN
INTEGRAL DEL RIESGO Y PROTECCIÓN CIVIL
Los
planes escolares para la gestión integral del riesgo y protección civil son una
herramienta con dos objetivos principales:
1.
Conocer los riesgos que en un momento determinado pueden afectar a la comunidad
escolar, trabajar colectiva y participativamente sobre sus causas para evitar
que esos riesgos se conviertan en desastres, y prepararse para disminuir las
pérdidas, responder más adecuadamente y facilitar la recuperación, en caso de
que ocurra una emergencia o un desastre.
Los
planes escolares para la gestión integral del riesgo y protección civil
comprenden los siguientes componentes:
a. Conocimiento de las amenazas
de distinto origen (natural, socio natural o antrópico) que en algún momento
pueden afectar a la comunidad escolar.
b. Conocimiento de los factores
de vulnerabilidad y de sostenibilidad que reducen o fortalecen la capacidad de
la comunidad escolar para resistir sin traumatismos los efectos de dichas
amenazas, e identificación de acciones necesarias y posibles para prevenir las
amenazas y mitigar los factores de vulnerabilidad.
c. Caracterización anticipada de
los riesgos o efectos adversos que podría sufrir la comunidad escolar en caso
de que efectivamente llegara a materializarse la amenaza. (Riesgo = Amenaza x
Vulnerabilidad).
d. Medidas de preparación para
responder adecuadamente a una situación de emergencia o desastre, en términos
de reducir las pérdidas sobre bienes y vidas humanas y facilitar la
recuperación.
e. Identificación de los
recursos con que cuenta la comunidad escolar para responder adecuadamente en
caso de emergencia o desastre.
f. Capacitación de la Unidad
Interna en manejo y atención de situaciones de Emergencia (Comando de
Incidentes, Primeros Auxilios, Prevención y combate de incendios, Evacuación de
inmuebles, Seguridad, Comunicación y Búsqueda y rescate); así como los
ejercicios de evaluación (3 por año).
g. Evaluación de la capacidad
del centro educativo para apoyar a la comunidad circundante en caso de
desastre. (Lo cual exige que se conozca lo mejor posible la situación de riesgo
que afecta a esa comunidad.)
2.
Preparar a la comunidad escolar, incluidos los y las estudiantes, la directiva,
el personal docente, y ojalá los padres y madres de familia, para incorporar la
gestión del riesgo en todas las actividades cotidianas.
El PLAN ESCOLAR DE EMERGENCIA
El
plan escolar de emergencia es, en lo fundamental, un conjunto de decisiones que
la comunidad escolar toma en momentos de tranquilidad, sobre la manera como
cada uno debe actuar en situaciones de crisis.
El
análisis de los riesgos nos da una idea anticipada sobre lo que puede pasar en
caso de ocurrir una emergencia o un desastre. A esa idea anticipada se le da el
nombre de ESCENARIO DE RIESGO.
Debe
considerar aspectos como:
·
Alertas,
avisos y alarmas: maneras de informar a la comunidad sobre la inminencia de un fenómeno
capaz de desencadenar un desastre; significado de cada alarma y manera de actuar
ante cada una de ellas.
·
Medios
principales y alternos para transmitir esas alarmas.
·
Definición
sobre quién o quienes están autorizados para activar las alarmas.
·
Manera
de actuar en caso de presentarse un fenómeno capaz de desencadenar un desastre (por
ejemplo: qué hacer cuando ocurre un sismo en horas de clase).
·
Constitución
de equipos encargados de controlar incendios, suministrar primeros auxilios, etc.
·
Definición
de persona o personas encargadas de entrar en contacto con los medios de comunicación
y proporcionar información OFICIAL sobre el estado del centro educativo. Qué decir,
cuándo, cómo y a quién decírselo.
·
Definición
sobre personas responsables de coordinar la atención a una emergencia en distintos
días de la semana y a distintas horas del día o de la noche.
·
Decisiones
sobre las medidas que deben tomarse para garantizar la seguridad de las personas,
instalaciones y bienes del centro educativo.
·
Responsables
de la seguridad.
·
Medidas
alternas y planes de contingencia.
·
Medidas
para garantizar la seguridad de los archivos académicos y administrativos del
centro educativo.
·
Decisiones
anticipadas sobre por qué razones se justificaría una evacuación, manera de llevarla
a cabo, rutas alternas y puntos de encuentro.
·
Determinación
sobre los lugares más seguros del edificio frente a cada tipo de amenaza y la manera
ordenada de acceder y ocupar esos sitios.
·
Capacidad
de los mismos.
·
Definición
de sitios alternos.
·
Censo
completo de la comunidad escolar. (directivos, docentes, alumnos, trabajadores,
personal administrativo y de apoyo), indicando su edad, tipo de sangre,
necesidades especiales (por ejemplo, en cuanto a utilización o restricción de
determinado tipo de medicamentos), dirección y teléfono de sus respectivas
familias, persona de contacto, etc.
·
Decisiones
adoptadas conjuntamente con los padres de familia sobre el lugar en donde deben
encontrarse con sus hijos en caso de desastre.
·
Decisiones
adoptadas conjuntamente con los padres de familia, sobre la manera o maneras de
obtener información sobre el centro educativo en caso de desastre (presumiendo problemas
tales como congestión o interrupción de líneas telefónicas, dificultades para
el acceso por interrupción de vías, etc.).
·
Lugares
para administrar primeros auxilios, atender y clasificar heridos, etc.
·
Qué
hacer en caso de que resulten personas fallecidas.
Las
comisiones del plan y de capacitación deberán programar y llevar a cabo
conjuntamente, SIMULACROS PERIÓDICOS con el fin de validar el Plan en la
práctica y de actualizarlo a las circunstancias cambiantes de la comunidad
escolar y de su entorno.
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