miércoles, 19 de septiembre de 2018

AUN AÑO DEL SISMO QUE REMOVIÓ A LA SOCIEDAD


Iniciemos con los datos técnicos que generaron que la sociedad despertara en dos momentos distintos de la historia de México:
¿el sismo, de magnitud 7.1, fue más fuerte en la Ciudad de México que el terremoto de magnitud 8.0 de 1985?
Sólo por la enorme diferencia en magnitud de los dos eventos, uno podría suponer que no.
Esto tiene sentido, ya que el sismo de 1985 liberó 32 veces más energía sísmica que el del 19 de septiembre de 2017. 
Sin embargo, en 1985, el epicentro fue muy lejano y bajo las costas del estado de Michoacán, a más de 400 km de la capital, mientras que el 7.1 ocurrió apenas 120 km al sur de la ciudad.
Al propagarse, las ondas sísmicas se atenúan rápidamente; es por ello que a pesar de que la ruptura que generó las ondas sísmicas el martes pasado es mucho menor que la de 1985, las sacudidas en la Ciudad de México fueron tan violentas.
La ruptura del sismo del 19 de septiembre de 2017 ocurrió dentro de la placa oceánica de Cocos (i.e. sismo intraplaca), por debajo del continente, a una profundidad de 57 km.



Si bien este tipo de sismo no es el más común en México, de ninguna manera es extraordinario. 
En la imagen se muestran los epicentros y profundidades de algunos sismos similares, incluyendo el del 17 de septiembre de 2017.
Estas rupturas se producen a profundidades mayores que los típicos sismos de subducción como el de 1985, que tiene lugar bajo las costas del Pacífico mexicano sobre la interfaz de contacto entre las placas tectónicas de Cocos y de Norteamérica 
Los sismos intraplaca, de profundidad intermedia, se producen por esfuerzos extensivos a lo largo de la placa de Cocos.
Las fallas geológicas asociadas a estos sismos se conocen con el nombre de "fallas normales".
Es preciso mencionar que estudios realizados para sismos intraplaca en México muestran que, por año, la probabilidad de que la intensidad de las sacudidas en la Ciudad de México debidas a este tipo de terremotos sea grande es muy similar a la de los sismos típicos de subducción, como el de 1985, entre otros.
Esto implica que el peligro sísmico en la capital, asociado a los sismos intraplaca (como los del 7 y 19 de septiembre de 2017), es tan grande como el de los sismos más comunes que ocurren bajo las costas del Pacífico mexicano.
Gracias a la vasta red de acelerógrafos y sismómetros que registraron ambos terremotos en la Ciudad de México, y a los esfuerzos de muchos sismólogos e ingenieros mexicanos, hemos entendido mejor qué ocurrió.
Uno de los ingredientes que usan los ingenieros civiles para calcular las estructuras de los edificios de la CDMX es la aceleración máxima (Amax) del suelo producida por las ondas sísmicas.
En 1985, la Amax en Ciudad Universitaria (CU), que está en suelo firme, fue de 30 gal (1 gal = 1 cm/s2), mientras que la Amax del 19 de septiembre de 2017 fue de 57 gal.
Es decir que el suelo en la zona cercana a CU experimentó una sacudida dos veces mayor que en 1985.
Sin embargo, todos sabemos que gran parte de la Ciudad de México está edificada sobre sedimentos blandos de los antiguos lagos que existieron en el valle. Estos sedimentos provocan una enorme amplificación de las ondas sísmicas en la Ciudad de México que, probablemente, sea la más grande reportada en el mundo.
Las consecuencias económicas del sismo
De acuerdo con la CEPAL (2014), en los desastres geofísicos destaca el efecto de los terremotos en mayor medida sobre el sector social y en menor medida sobre la infraestructura y sobre el sector productivo, es decir que los daños más considerables se encuentran en vivienda, salud, educación y edificios públicos por mencionar los más relevantes. Sin embargo, en lo que respecta al sector productivo, este tipo de desastre natural genera daños principalmente en subsectores como el comercio, servicios e industria, actividades que representan importante ingreso para los cuatro estados analizados.
Este tipo de tragedias suele provocar una pérdida de la producción regional (por los días que se detiene la actividad económica).
Así en el tercer trimestre de 2017 la economía mexicana empezó a mostrar una desaceleración (en gran parte debido a los sismos), de acuerdo con datos preliminares del Producto Interno Bruto (PIB) trimestral, pues disminuyó 0.2%, en términos reales, respecto al trimestre anterior, con cifras ajustadas por estacionalidad (INEGI, 2017).
Por componentes, las actividades Secundarias cayeron 0.50% y las Terciarias 0.10% mientras que las Primarias aumentaron 0.50% frente al segundo trimestre del presente año.
Es importante mencionar que, en conjunto, los estados de México, Ciudad de México, Morelos y Puebla representan 29.25% del PIB total del país para 2015, de ese 29.25%, 16.35% corresponde a la Ciudad de México y 8.69% al Estado de México. Por sectores de actividad económica, los estados que tienen importante peso en el sector primario es el Estado de México y Puebla, con 8.40% de aportación al total nacional de este sector.
Pero destacan también en la producción industrial donde el Estado de México aporta el 6.99 % al total nacional de dicho sector, y la Ciudad de México el 5.25%.
La Ciudad de México destaca en la Construcción y el Estado de México en las manufacturas.
A pesar de que afectan severamente tanto a los trabajadores como al capital, los terremotos destruyen edificios, infraestructura y fábricas en particular. La relación capital-trabajador se reduce drásticamente, el producto promedio (y marginal) del capital aumenta, y el producto crece a medida que la economía entra en un ciclo de reconstrucción.
Además, si el capital destruido es reemplazado por uno de mejor calidad, la productividad de los factores aumenta, lo que lleva a un mayor impulso hacia un mayor crecimiento (Loayza et al., 2009).
En este contexto, en cuanto a los daños nacionales, el gobierno federal estima que la reconstrucción en México por los sismos del 7 y 19 de septiembre será de 48 mil millones de pesos, mediante la reparación de 153,545 viviendas, 12,931 escuelas y 1,225 inmuebles históricos.
Ahora bien, los daños y pérdidas generados afectarán de manera diferente a cada estado, de acuerdo a sus condiciones demográficas y socioeconómicas.
En este sentido, el nivel de pobreza de la población es un factor determinante para la evaluación no solo de daños, sino de la etapa de reconstrucción.
La mala calidad de viviendas, la falta de ahorro o la residencia en zonas conocidas de peligro entre otros factores, hace a esta población vulnerable frente a los desastres naturales.
Por otro lado, su comportamiento ante tal adversidad, en comparación con la población de mayor ingreso es diferente ya que su capacidad de recuperarse de un evento catastrófico es baja (Fay et al., 2003).
En términos generales, podemos decir que el sismo 19 de septiembre, en el corto plazo si ha afectado la actividad económica durante el tercer trimestre de 2017, de forma particular en algunos sectores y en los precios.
En el largo plazo, en el periodo de reconstrucción este efecto será inverso, ya que se necesitará de productos y servicios para dicha reconstrucción.
Sin embargo, este impacto aún no se puede medir puesto que no hay datos precisos sobre las pérdidas económicas que resultaron del pasado sismo, lo que sí es un hecho es que el estado de Morelos es el más afectado en cuanto a infraestructura. Sin duda, la reactivación económica dependerá de las condiciones de financiamiento y reconstrucción.
Me parece tardía la operación del Programa de Continuidad de Gobierno y Continuidad de Operaciones por parte de las autoridades, es evidente que a pesar de los avances que se han logrado en administraciones anteriores, no se retoman con la seriedad que se requiere en estos casos.
Las Redes Sociales
Además de la fecha, los edificios caídos, la actividad de los topos y la fuerte presencia de la sociedad civil. Sin embargo, el mundo es un lugar diferente a hace 32 años. La presencia de redes sociales digitales cambió el juego de la información.
Las plataformas como Facebook, Twitter, Instagram y Snapchat se llenado de información para organizar, denunciar, alertar, proteger y hasta mentir.
“Para quienes vivimos el 85 es un escenario comunicativamente muy distinto, solo había comunicación analógica, ahora es todo digital “, asegura María Elena Meneses, profesora del Instituto Tecnológico de Monterrey, universidad privada en México. “La velocidad a la que se puede reaccionar, tanto hacia lo positivo como lo negativo, es impresionante “.
Para el profesor Felipe López Veneroni, de la Universidad Nacional Autónoma de México, estas plataformas han demostrado en medio de esta crisis tener una función vital que se traduce en acciones en las calles.
“No podemos poner en duda lo valioso de las plataformas digitales, en particular Twitter y Facebook, en el contexto del sismo y de la respuesta social ante la tragedia. Las verdaderas redes sociales son las que formaron las personas cuerpo a cuerpo, en las calles, “expresó. “Lo que sí facilitaron las plataformas digitales fue que esa acción social, relativamente espontánea, fuese más rápida, más coordinada y alcanzara mayor amplitud “.
Quienes estuvieron al pendiente del movimiento en redes habrán notado que, especialmente los jóvenes, mantuvieron el tema del sismo como tendencia, se crearon centros de acopio, las personas se organizan para ver qué materiales faltan en dónde, con la intención de no duplicar el trabajo,
La otra cara de la moneda
Las redes sociales también han sido utilizadas, por ignorancia o por mala fe, para esparcir mentiras, rumores y confusión. La misma velocidad y eficacia resulta un arma de doble filo en un momento de crisis y emergencia como este.
Abundan los rumores de que se avecina un nuevo sismo, pese a que no se pueden predecir los fenómenos telúricos; así como historias de labradores que necesitan refugio, que el temblor fue causado por Corea del Norte, o que el volcán Popocatépetl está a punto de erupción a causa del temblor.
Los rumores son naturales al efecto de información, la gente no está preparada, no hay una educación frente a estos canales de comunicación es difícil contener los rumores.
Aquí entra el papel de las autoridades, y donde entra la actividad de los medios al momento de desmentir y dar información fidedigna.
El uso negativo también viene de la intención de distorsionar los hechos, generar falsas alarmas, replicar información falsa o no confirmada y tratar de crear un estado de pánico y angustia que en nada ayuda a enfrentar la crisis de manera racional.
Por supuesto, este hecho es común para cualquier herramienta humana, se le puede dar un mal uso. Sin embargo, se considera que el balance ha sido enormemente positivo para las redes sociales.
Me pareció tardía la respuesta pece a los protocolos que existen en la Coordinación Nacional de Protección Civil para el manejo en situaciones de EMERGENCIA Y METAEGEMERGENCIA.
La crisis desató por los terremotos la respuesta social, en su enorme mayoría, fue abrumadoramente propositiva y útil. Y en ese contexto las plataformas digitales fueron utilizadas mayoritariamente con inteligencia y buena voluntad “, dice el investigador. “Pero no hay que sobreestimarlas ni olvidar que, así como se pueden usar para orientarnos en momentos de crisis, pueden ser utilizadas en un sentido contrario “.
Gracias al apoyo inmenso que se observa en estas plataformas, la gente se ha empezado a educar en lo que es un uso inteligente de las redes sociales.
La capacitación de la ciudadanía no ha sido atendida por parte de las áreas y las instancias competentes, pareciera que solo los simulacros son la estrategia de la administración actual.
Los grupos de la Sociedad Civil son los que más interesados están en transmitir los conocimientos mínimos necesarios, algunos de una manera muy profesional y otros de una manera muy deplorable.
Aunado a esto la publicación tardía del Manual de Acreditación Nacional USAR el pasado 24 de agosto del 2018, a dejado una sombra muy grande de esta administración en la Coordinación Nacional de Protección Civil; aun y con haber tenido la Vicepresidencia de INSRAG en 2017 y la Presidencia en 2018 más los reconocimientos a nivel internacional por parte de las más altas esferas de la Gestión de Riesgos y Resiliencia.

Los apoyos
En los estados de Chiapas y Oaxaca Hacienda se implementando una estrategia que incluye la reconstrucción de zonas dañadas con recursos del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN).

Primero la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) diagnóstica y realiza un censo de los inmuebles afectados.
Luego con la Banca de Desarrollo, que integran instituciones como BANOBRAS, BANSEFI, entre otras- Hacienda creará un mecanismo para empezar con la construcción de viviendas con pérdida total.
Para los afectados de ambos desastres, Hacienda dijo que buscarían otras fuentes de financiamiento como el Fideicomiso Fuerza México.
"Es un mecanismo receptor de donativos que se destinarán de manera transparente a las personas afectadas por los sismos del 7 y 19 de septiembre 2017. Un fideicomiso sin fines de lucro constituido por el Consejo Coordinador Empresarial, siendo Nacional Financiera el fiduciario"; también dice que usaría el Fondo de Reconstrucción (FONREC), Fovisste, el FAIS de los municipios y Créditos hipotecarios del Fondo de Operación y Financiamiento Bancario a la Vivienda (FOVI-SHF).
Los recursos del Fonden se sumará los recursos provenientes de la actualización del Bono Catastrófico, un mecanismo de cobertura financiera del gobierno de México con el Banco Mundial; "El Bono Catastrófico inyectará hasta 360 millones de dólares adicionales al Fonden", informó Hacienda. Este mecanismo estará vigente durante los próximos tres años y se puede activar de forma directa según la intensidad de los eventos.
Hasta este momento aun no se cuenta con una claridad en el proceso de la RECONSTRUCCIÓN NACIONAL.
Es conocido y documentado las acciones realizadas por actores de rapiña, venta y mal uso; así como politizado los recursos. Hemos observado que se quisieron beneficiar a empresas en la reconstrucción, entrega de materiales y recursos sin asesoría alguna, dejando así una vez mas a los ciudadanos indefensos con pocos recursos e insuficientes para retornar a la normalidad
Ahora y con esta información:
¿Qué país es el que queremos?
¿Queremos un México comprometido, solidario y participativo?
¿Queremos un país donde predomine el cuatismo y la falta de respeto a la ley o uno donde las oportunidades estén garantizadas para todos, sin privilegios ni corrupción?
¿Queremos un país donde no se respeten los derechos o uno donde el ejercicio de los derechos esté garantizado para todos?
¿O queremos seguir viviendo en el mismo México de antes del sismo del #19s?
Este proceso sólo puede hacerse desde la sociedad civil. Es preciso hacer de nuestro país un país de la sociedad civil. A partir de 2017 las cosas van a cambiar. Ya están cambiando. Bastará dar el primer paso para que sea posible comenzar a construir el país que podemos llegar a ser. Un proceso refundacional encabezado desde la sociedad civil.

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